Luis Antonio Sobrado renuncia a su cargo en el TSE

El magistrado señaló que su salida es por razones éticas no legales. Alude a la candidatura de su cuñada, a la vicepresidencia de la República con el partido Costa Rica Justa de Rolando Araya.

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El magistrado presidente del TSE, Luis Antonio Sobrado, presentó su renuncia al cargo.

La información, la confirmó la entidad en una conferencia de prensa y tras una carta que dirigió a la Magistrada Eugenia María Zamora Chavarría, vicepresidenta de ese colegiado.

Sobrado explicó que su decisión obedece a la inscripción de una doble candidatura, por parte de un partido político, de una cuñada suya, y alude a la candidatura de Ana Lupita Mora, a la vicepresidencia de la República con el partido Costa Rica Justa de Rolando Araya.

También, argumentó que esa situación, si bien a la luz de la normativa electoral no le obligaba a separarse del cargo, podía dar pie a que se cuestionara la imparcialidad de la máxima autoridad electoral.

Añadió, en la misma misiva, que tampoco optaba por plantear la inhibitoria hasta que el proceso electoral concluya, porque en caso de que el TSE variara su interpretación de la normativa y se la aceptara, ello implicaría cobrar su salario por hasta medio año sin trabajar, lo cual, aunque sería su derecho, le resulta «inaceptable».

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Según la institución, la renuncia del Magistrado rige a partir del 16 de diciembre próximo.

Esta, es la carta que el magistrado envió a la vicepresidenta del TSE:

Estimada Eugenia:

En resolución núm. PIC-0024-P-2021 del pasado 20 de octubre, que adquirió firmeza
el día de hoy, el Registro Electoral inscribió la candidatura de la señora Ana Lupita Mora Chinchilla a la Vicepresidencia de la República por el partido Costa Rica Justa, que también la está postulando como candidata a diputada.

Como usted lo sabrá, ella es una pariente cercana, en tanto hermana de mi esposa,
y nos unen profundos lazos de afecto.

Esta circunstancia impide que pueda yo mantenerme al frente del Tribunal Supremo
de Elecciones sin causarle con ello una indebida afectación a su credibilidad entre los
costarricenses. Más allá del dato normativo, es lo cierto que una elección tan compleja como la que se avecina demanda que las personas que encarnan la magistratura no dejen margen alguno de duda sobre su imparcialidad como árbitros de la contienda. Ante la mínima sombra que pueda anticiparse, los deseos personales deben ceder ante el interés superior de la sociedad costarricense de que los comicios sean zanjados sin dar excusas para cuestionar su integridad.

Soy conocedor del régimen de incompatibilidades que fija el artículo 7 del Código
Electoral y de la posibilidad que este consagra, en situaciones como la mía, de excusarme de atender mis responsabilidades durante el proceso electoral; excusa que, de ser aceptada por mis pares, conllevaría una licencia con goce salarial que se extendería hasta la respectiva declaratoria de elección.

He descartado esa posibilidad. En primer lugar, porque esa excusa es improcedente.
La jurisprudencia de este Tribunal ya ha precisado que no se configura el impedimento tratándose de parientes por afinidad en línea colateral, como lo son los cuñados. En efecto, en resolución de las 15:15 horas del 27 de enero de 2016, redactada casualmente por mí, se concluye que “las causales de inhibitoria y excusa, previstas en el citado numeral 7 del Código Electoral, solo resultan oponibles cuando la relación de parentesco entre un candidato y un miembro de este Tribunal se de en línea directa (salvo en el caso de los hermanos por estar previsto a título expreso en la supra citada norma del Código
Electoral).”.

Aun bajo el improbable supuesto de que el Tribunal modificara esa postura y
aceptara mi eventual excusa, ello también acarrearía cuestionamientos sobre mi
honorabilidad y la de mis compañeros, dado que significaría para mí devengar salario, por incluso un semestre, sin desplegar esfuerzo alguno para merecerlo; opción que, por ende, también considero inaceptable.

Como decía un colega del extranjero, los organismos electorales no solo administran
elecciones sino, también, confianza. Consolidar y mantener esa confianza supone sabiduría y un esfuerzo constante; perderla, aún por errores involuntarios y actuaciones exentas de mala fe, puede producirse en un instante. Lo correcto es no ponerla en riesgo, porque es mucho lo que hay en juego: la convicción mayoritaria sobre la pureza de nuestras elecciones y sobre la ejemplaridad del Tribunal Supremo de Elecciones, pilar de la democracia costarricense.

Luego de más de dos décadas de magistratura y de casi tres lustros de ejercer la
presidencia de este Tribunal, trayecto de vida en el que me he conducido con
profesionalismo y probidad, siento la obligación de dar ejemplo de rectitud adelantando mi retiro, aunque ello depare sacrificios personales y sea doloroso para mi esposa e hijas.

No puedo dejar de mencionar que, con malevolencia irresponsable, algunos han
insistido en redes sociales que tras mi retiro me espera una jugosa pensión. Usted sabe que no es cierto: primero, porque cotizo para el régimen de la CCSS y, segundo, porque carezco de la edad necesaria para jubilarme, por lo que deberé mantenerme algunos años más en mi función docente de la UCR.

Resulta revelador lo que consignaba un artículo de La Nación que hacía una
semblanza mía, cuando ese diario me escogió como “Personaje” del año 2007: “Pero a la hora de imaginar el futuro, apuesta más por las aulas que por las papeletas”, cuenta el periodista y de seguido me cita: “no digo que me vaya a retirar mañana, pero no me veo décadas aquí. Quisiera tiempo para escribir más sobre derecho electoral y también sobre esta experiencia tan intensa en el Tribunal; quiero hacerlo antes de que los detalles se me olviden”.

A la larga me mantuve catorce años más. Pero digo revelador porque, con la difícil
decisión que hoy comunico, mi carrera como funcionario electoral ciertamente quedó
truncada antes de que finalizara mi vida laboral activa. Y del mismo modo revelador
porque, en el cierre de ese mismo artículo, el periodista concluía así: “Recién al despedirme logro precisar cuál es la palabra que define la sensación que tengo desde el comienzo de la charla… un tipo pulcro, eso es”. Otra persona pulcra, quien en vida se llamó Niní Chinchilla y que tuve el honor de ser su yerno, también tenía claro que hacer lo correcto no siempre es fácil ni bonito. Por ello, cuando sintió que su moralidad se tornaba incompatible con prácticas políticas que no podía corregir, abandonó su curul legislativa a la mitad de su mandato. Y, sí, también retornó a las aulas universitarias y a su nombramiento de medio tiempo para culminar su trayectoria laboral y profesional.

Por todo lo expuesto me permito informarle que renuncio al cargo de magistrado
del Tribunal Supremo de Elecciones. Para poder cumplir con mi obligación de dar el preaviso del caso, esta renuncia no puede ser inmediata. Se hará efectiva a partir del 16 de diciembre de 2021. Del 9 de noviembre al 14 de diciembre, me acogeré a mis vacaciones, cuyo disfrute solicito por este medio.

Note, señora vicepresidenta, que el 15 de diciembre próximo estaré en ejercicio de
la magistratura del TSE y de su presidencia. Así lo he querido para presentar ese día el informe de labores al que estoy legalmente obligado, así como para despedirme
apropiadamente de la querida familia electoral. Reservo ese momento para hacer los
agradecimientos a tantas personas que han hecho posible que este tercio mi vida dedicado al quehacer electoral haya sido venturoso y de provecho para la Institución y el país.

Le ruego hacer del conocimiento del pleno de magistrados lo expuesto, a cuyos
integrantes doy testimonio de mi imperecedero cariño.

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