Benedicto XVI deja un legado de invaluable valor intelectual al catolicismo

Admirado por unos y criticado por otros, el pontífice Benedicto XVI deja un legado intelectual en el espíritu de la Iglesia Católica, que pocos han alcanzado en más de 2.000 años de historia Católica.

-

WASHINGTON — Este sábado falleció en su residencia de Castel Gandolfo, el papa emérito Benedicto XVI. En medio de controversias y de una renuncia al papado sin precedentes en más de 600 años, el Sumo Pontífice, de origen alemán, deja un legado de invaluable valor intelectual al mundo del catolicismo.

Nacido en 1927 en Alemania, Ratzinger cursó Teología en la universidad estatal de Munich, donde se formó en una literatura en la que imperaban Goethe, Lutero, Kant, Hegel o Nietzsche.

Sin embargo, debido a su origen germánico, Benedicto XVI tuvo que hacer frente a un pasado de sombras por su participación en las juventudes hitlerianas durante la Segunda Guerra Mundial, cuando el alistamiento era obligatorio.

Un hecho del que buscó la redención ante los ojos de Dios y de los fieles de la Iglesia católica, cuando en 2006 visitó el campo de concentración nazi de Auschwitz.

Elogios y críticas

Fue elogiado por conservadores, por intentar reafirmar el tradicionalismo de la identidad católica, y criticado por liberales por querer revertir reformas al interior de la Iglesia.

Sin embargo, Josep Ratzinger, el papa Benedicto XVI, pasó a la historia por una decisión sin precedentes en más de 600 años: renunciar por voluntad al anillo de San Pedro.

Calificado como un hombre de mente brillante, Benedicto XVI dejó un legado de luces intelectuales, ocupando un puesto destacado en la historia de la teología.

Cuando decidió renunciar al pontificado, pare dedicarse a la oración, su nombre ya ocupaba un lugar predominante entre los estudiosos de la fe católica y la teología.

Fue el 28 de febrero de 2013, cuando se hizo efectiva su jubilación como líder de la Iglesia Católica alegando “falta de fuerzas”. En helicóptero, ese mismo día, Benedicto XVI era transportado hasta el castillo de Gandolfo, su residencia hasta su fallecimiento.

Poco trascendió de sus años de retiro en Castel Gandolfo, en contraste con sus prolíficas décadas como Cardenal y Obispo de Roma.

Sin embargo, tras de sí también quedan contradictores que lo acusan de haber sido, presuntamente, complaciente con los escándalos de pederastia que han empañado la historia moderna de El Vaticano.